¿Excepciones en la dieta del charrán común?

La colonia de larolimícolas de Pinet ofrece un interesante espectáculo para todas  aquellas personas que nos interesa el medio natural y las aves más particularmente. La cercanía de los observatorios y del sendero de acceso, relativamente próximos a las islas donde nidifican charranes, avocetas, cigüeñuelas, charrancitos o gaviotas, supone un excepcional oteadero desde donde podemos observar, sin interferir, en la vida y costumbres de los centenares de parejas de aves que allí nidifican: los cortejos nupciales, las rivalidades entre aves de diferentes o de la misma especie, la construcción de nidos, la incubación de huevos, el cuidado de los pollos, en resumen la complicada vida cotidiana de los seres vivos.

Los ruidosos charranes comunes son una de las especies más emblemáticas de Pinet, con sus idas y venidas del mar con los pescaditos con los que compartir con su pareja o para sus pequeños, aunque en ocasiones hay extrañas excepciones. Esta semana en una visita a Pinet para disfrutar de la cotidianidad de la colonia y comprobar los progresos de los charranes comunes, que un año  más han retrasado el inicio de su reproducción, me llamó la atención un charrán común que insistentemente volaba sobre la banda de saladar que orla las charcas salineras de este rincón de las Salinas de Santa Pola.

Tras hacerle las fotografías de rigor, vi que llevaba en el pico una chicharra, imagen un poco chocante para lo que estamos acostumbrados a ver y  que pensamos que siempre es lo habitual. Mirando bibliografía sobre la dieta del charrán común, parece que no es tan excepcional que pueda comer insectos. En un estudio  realizado durante la invernada en Argentina, han estimado el consumo de insectos en más del 10% de la dieta , habiéndose detectado  entre las presas consumidas, saltamontes, libélulas y escarabajos.

Mauco, L & Favero, Marco. (2004). Diet of the common tern (Sterna hirundo) during the nonbreeding season in Mar Chiquita Lagoon, Buenos Aires, Argentina. ORNITOLOGIA NEOTROPICAL. 15. 121-131.

 

Texto y fotos Sergio Arroyo Morcillo

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