CRÓNICA DE LA SALIDA DE AHSA AL MAR MENOR

Combatiente (S. Arroyo)
Combatiente (S. Arroyo)

Este sábado 11 de abril realizamos la visita al Mar Menor pospuesta por los fuertes vientos que soplaron a finales de marzo cuando teníamos prevista la salida, esos pocos días de diferencia han modificado bastante el panorama que encontramos en los distintos parajes que visitamos, al poder observar especies netamente estivales recién llegadas de sus cuarteles de invernada y otras residentes iniciando o ya plenamente inmersas en sus tareas reproductoras. Comenzamos la mañana, nublada y agradable, recorriendo la mota que separa el Mar Menor de las salinas de San Pedro, pudiendo ver un bonito bando de c. 30 pagazas piconegras junto a otros tantos charranes patinegros con reclamos y cortejos en las proximidades de sus áreas de nidificación. También algunos charranes comunes, aunque en menor número, volaban por la zona uniendo sus ruidosos reclamos a la algarabía generalizada. Un poco más allá, en una mota cubierta de saladar, un núcleo de gaviota de Audouin ya instalaba sus primeros nidos muy cerca del casco urbano de Lo Pagán y muy lejos, ecológicamente hablando, de la deshabitada isla Grosa donde nidificaba la especie hasta mediados de los años 2000.

Charrán común (S. Arroyo)
Charrán común (S. Arroyo)
Vuelvepiedras (S. Arroyo)
Vuelvepiedras (S. Arroyo)
Charrán patinegro (S. Arroyo)
Charrán patinegro (S. Arroyo)
Correlimos tridáctilo (S. Arroyo)
Correlimos tridáctilo (S. Arroyo)

Por las orillas de los charcones salineros y de la inmediata playa de Lo Pagan vemos los habituales correlimos tridáctilos, con cerca de una veintena de ejemplares y una media docena de vuelvepiedras, alguno de ellos virando ya su plumaje a  los colores estivales. También encontramos otro de los típicos invernantes de este primer tramo del recorrido hacia las Encañizadas, los zampullines cuellinegros, con cerca de 200 ex.,  prácticamente todos con plumaje plenamente estival y con parejitas ya formadas con coqueteos y peleillas. Previsiblemente les quedará muy pocos días para trasladarse a sus hábitats de reproducción, aguas continentales con abundante vegetación palustre, tan diferente de los charcones salineros donde invernan.

Zampullines cuellinegros (S. Arroyo)
Zampullines cuellinegros (S. Arroyo)

La llegada a las Encañizadas nos ofrece un bonito espectáculo de pequeños limícolas, aunque mas lejanos de lo que hubiéramos deseado, pudiendo disfrutar de la presencia de mas de medio millar de correlimos, de entre los los cuales contamos al menos  250 zarapitines, 200 comunes y unos 50 menudos. En la periferia del bando 4 correlimos gordos picotean juntos entre el barrillo. Otros limícolas destacables son 4 archibebes claros, un par de zarapitos reales y de chorlitos grises, uno de ellos con su vistoso plumaje nupcial casi completo. Mientras observamos el limicolerío, un pequeño falcónido que resulta ser un alcotán, nos sobrevuela seguido por una gaviota patiamarilla.

Alcotán (S. Arroyo)
Alcotán (S. Arroyo)
Correlimos menudo (S. Arroyo)
Correlimos menudo (S. Arroyo)
Correlimos zarapitines (S. Arroyo)
Correlimos zarapitines (S. Arroyo)

No llegamos a la playa porque se nos ha hecho un poco tarde y decidimos ir a comer junto a las charcas del Coterillo, donde vemos unas cuantas parejas de gaviota reidora y unas poquitas avocetas y charranes comunes por la zona. Tras despachar los bocatas y tarteras, continuamos camino hacia El Carmolí, aunque con apenas unos centenares de metros recorridos debemos detenernos ante la presencia de algunos llamativos machos de combatientes que picoteaban la abundante artemia que había en las charcas cercanas. La parada nos ofrece también la posibilidad de ver una colonia de garcilla bueyera, donde también unos pocos moritos y alguna garceta común se meten en el carrizal que flanquea el final de esta zona de las salinas. También otro núcleo de gaviota de Audouin con algún ejemplar ya incubando en su nido y otros que recogen material para construirlo. Destaca la escasez de gaviota picofina de la que apenas llegamos a ver 4-5 ejemplares en toda la visita, dos de ellos se trata de una pareja en cortejo con la hembra estimulando al macho picoteándole la base de su pico para conseguir alimento que final acaba regurgitando para su pareja.

Combatiente y archibebe común (S. Arroyo)
Combatiente y archibebe común (S. Arroyo)
Gaviotas picofinas (S. Arroyo)
Gaviotas picofinas (S. Arroyo)
Gaviota de Audouin con material para el nido (S. Arroyo)
Gaviota de Audouin con material para el nido (S. Arroyo)
Morito en colonia de ardeidas (S. Arroyo)
Morito en colonia de ardeidas (S. Arroyo)

Llegamos a la Marina de El Carmolí y nos recibe el reclamo de una canastera que volando se posa rauda en las orillas  tras la pantalla de carrizo que cubre esa zona. Una cautelosa mirada nos descubre la presencia de 18 canasteras que descansan entre los restos de algas y vegetación marina de las orillas, con ellas unos pocos vuelvepiedras y un chorlitejo grande. Aguas adentro, al menos 120 somormujos lavancos apuran su estancia invernal en el Mar Menor.

Canastera común (S. Arroyo)
Canastera común (S. Arroyo)

La tarde avanza y por falta de tiempo decidimos no parar en las salinas de Marchamalo e ir directamente al cabo de Palos, donde llegamos justos para poder echar un vistazo a la extensa superficie marina que desde allí se domina. La escasa media hora que permanecemos nos aporta la observación de un par de grupos de lejanos álcidos que probablemente serían frailecillos, dos solitarias pardelas, balear y cenicienta, y un alcatraz inmaduro. También se ve el salto de un delfín al seguir el vuelo de los álcidos. Unas pocas gotas de lluvia nos animan a terminar la jornada y emprender el camino de vuelta.

Antes de acabar, reseñar que aparte de la crónica ornitológica que he relatado, nuestro compañero Tomás ha encontrado entre el saladar un buen número de unas enormes y espectaculares orugas de la mariposa Lasiocampa serrula, especie que se distribuye por el sureste peninsular sobre hábitats halófilos y cuyas plantas nutricias son algunas de los géneros más comunes de estos ecosistemas como las salsolas o suedas. Además ha fotografiado también unas curiosas arañas que se encontraban entre unas salicornias en las salinas de San Pedro que podrían corresponder al género Larinioides y finalmente nos aporta una foto de unas bonitas y diminutas flores de Frankenia pulverulenta, una pequeña planta anual de saladar.

Lasiocampa serrula (S. Arroyo)
Lasiocampa serrula (S. Arroyo)
Araña del género Larinioides (T. Sánchez)
Araña del género Larinioides (T. Sánchez)
Frankenia pulverulenta (T. Sánchez)
Frankenia pulverulenta (T. Sánchez)

TEXTO SERGIO ARROYO MORCILLO

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