
El pasado sábado 26, hicimos la primera salida de AHSA tras la pausa veraniega, al segundo intento tras tener que suspender la convocatoria de la semana pasada por alerta naranja por lluvias. Con poca afluencia de participantes, a la actividad solamente acudimos tres personas, pero con una tarde magnífica pese al intenso sol que hacía, la brisa de levante hizo más que llevadero el paseo, incluso nublándose un poco más tarde.

Iniciamos las observaciones con más de una veintena de abejarucos que estaban posados en un tendido eléctrico y desde donde lanzaban sus vuelos para capturar lo que parecían abejas, también hasta 5 aguiluchos laguneros cicleaban sober el humedal.

Unos lejanos archibebes claros (2) y comunes (5) con las cigüeñuelas habituales son las primeras aves acuáticas que encontramos. A nuestra izquierda, de algunos de los humedales donde se autoriza la caza de aves acuáticas, algunos los llaman cotos, se levanta un bonito bando de al menos 60 espátulas que nos sobrevuelan indecisas si regresar al humedal o continuar su migración hacia el sur.

Ya con el telescopio plantado observamos diferentes limícolas, los correlimos menudos son los más abundantes con más de 40 ejemplares repartidos en varios grupos, acompañados de varios correlimos comunes ( 8), otros tantos chorlitejos grandes y al menos otros 2 chorlitejos chicos que nos sirven para resaltar las diferencias entre estas especies similares. También 2 andarríos bastardos, muy poco habituales en los humedales de aguas salinas.

Más al fondo una veintena de agujas colinegras descansan con varias avocetas y varios centenares de gaviotas, la mayor parte reidoras con alguna picofina con ellas, que se levanta de vez en cuando desconfiadas de los vuelos de los aguiluchos laguneros. Las ardeidas también están presentes con algunas garzas reales y garcetas comunes.
Repasando las charcas mas alejadas vemos a un águila pescadora en su posadero, una estaca clavada en mitad de la balsa salinera, a la que con ayuda del telescopio vemos que está lleva una anilla naranja por lo que con toda probabilidad se trata del mismo ejemplar que permanece en la zona al menos desde el mes de mayo cuando pudimos leerle la anilla y saber que era un joven anillado en Francia el año pasado. Justo cuando estábamos mirando la pescadora nos sobrevuela otro ejemplar desde detrás que parece que va directa hacia su congénere pero que acaba desviándose hacia la costa.
Entre águilas, limícolas y animada charla se nos va la tarde y desde el horizonte se eleva la luna llena que nos avisa que la tarde se acaba.


